viernes, 6 de abril de 2012

Todo es normal.

-A León. -entrego un billete de 5 euros.
-Son 3, 45. -me devuelve 1, 55 euros.
Camino mirando al frente por el pasillo del bus, me siento en una de las primeras filas, a la izquierda, en el lado de la ventana. Arranca el motor y abro mi mochila, saco el teléfono móvil, lo desbloqueo, no tiene batería, no puedo escuchar música. Observo el paisaje, llueve a cántaros y con permanente negro hay una carita sonriente en el cristal, por un momento me siento como Amelie Poulain y ese pequeño detalle me llena de vida. Me aburro y tengo sueño, así que apoyo mi cabeza en el cristal, no para de rebotar pero consigo adormilarme. Hay un bache y mi frente se golpea con fuerza contra el cristal, me levanto sobresaltada en el bus, apenas hay gente. Mi pulso cardíaco se relaja, el autobus aun está en el Puente de los Leones. Llegamos a la estación, bajo del bus, hay algún rayo de Sol, no llueve, hace frío y nadie espera.