domingo, 8 de julio de 2012

Embriagador.

Salgo de la ducha. Frente al espejo. Mi mirada se pierde y fija en un punto deja de mirar, deja mi alma de salir a borbotones en ella. Noto una brisilla que entra por los huecos de esas ventanas viejas. Mi pelo está empapado y mi cuerpo húmedo, sin embargo me da igual el frío, me disfrazo de alguien que nunca mis ojos habían visto. Y no lo noto, no noto nada, y creo que vuelo, que podría escaparme por las rendijas de esa ventana y no volver, viajar y convertirme en uno de esos gatos que no quieren dormir. Pero me paraliza el miedo y me quedo acariciando la bombilla de este cuarto, como si fuese una polilla. Y mi otra yo sigue ahí, parada, mirándose fijamente a los ojos, no la reconozco, tal vez seamos de esa gente que solo se conoce de vista, que parecen no importarse y sin embargo, si se dejasen, se echarían tanto de menos... Tiene la piel de gallina, pero no reacciona, estoy tan confusa... pero me gusta tanto sentirme así de libre, como si hubiese dejado de jugar a ser humana, aquí, en este cuarto vacío de mí.