Recuerdo las yemas de tus dedos acariciandome la espalda, cada una de ellas era una estación que me recorría desde el culo hasta la nuca; y con tu pulgar, húmedo de acariciar tus labios, jugabas a memorizar mi columna vertebral, yo me sentía como una rosa con el rocío de la mañana, como la Tierra sujetando los océanos.
Tú me conocías bien y por eso nunca me hacías el desayuno y te marchabas -o me echabas- antes de comer; me decías que odiabas el sabor amargo del café, el sabor a óxido del zumo de naránja de brick y que la leche te devolvía a los traumas de tu infancia, así que yo solo te llevaba agua por las mañanas.
Nos gustaba dormir con la persiana subida y taparnos los ojos con las sábanas cuando nos empezaba a acosar el intenso Sol. Me mirabas y a veces llorabas sin desmaquillarte, decías que era la alergia a mi gata, pero yo prefería imaginar que habías soñado que me iba y que me echabas de menos.
Acabamos de entrar en primavera y he recibido tu postal de navidad, dices que no sientes no haberte despedido, que siendo sincera no te enamoraste y que fue precioso. Si hubiese remite te escribiría diciéndote que creí odiarte cuando en realidad te quería y me dolían las vértebras y que cuando te fuiste de esta ciudad te llevaste tu lluvia y ahora todas las calles están secas. Ya no crecen margaritas.
martes, 31 de marzo de 2015
Blanca
lunes, 23 de marzo de 2015
Horario de apertura.
Ultimamente todos mis días son domingos, domingos de café, de películas alemanas de la tres, de salir a desayunar, de cocinar con la nevera a mínimos o de leer tirada en el sofá, y mis domingos son martes de verano.
Así que me siento vacía de lunes a sábado y los domingos a partir de las diez.
Disfruten su visita.
sábado, 7 de marzo de 2015
Hay todo y no hay nada.
De vez en cuando te recuerdo y me resquebrajo, menos mal que nunca me viste como ahora: perdida y echándote de menos.
lunes, 2 de marzo de 2015
Lo terrible de la simplicidad.
Me duelen las piernas de arañarme, los labios de morderme, la cabeza de pensar, los piés de caminar y la mano de escribir, y así llego a casa, después de haber equilibrado la balanza entre risa y llanto, y como algo sentada sobre la mesa de la cocina, con los piés al lado del fregadero y pensando en algún libro, en el estado del país o en tu culo, nada importante. Sigo sin gustarme pero tengo luz y a veces espero cartas que no llegan, porque soy de esas que les gusta conocer la letra de con quien duermen.
Lo que quiero decir es que mis días son tristes y bonitos con amor o sin él.
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