miércoles, 21 de marzo de 2012

La hija bastarda de Morfeo.

Descorrí las cortinas de terciopelo azul marino que impedian el paso de la luz. Di rápidamente la espalda a la ventana a la par que cerré y presiones apenas con fuerza mis ojos, grité, hacía tanto tiempo que la luz del día no me acariciaba que había golpeado mis ojos con más fuerza que nunca. Por fin pude incorporarme y ver el desván en el que se había convertido mi dormitorio, con decenas de vajillas de plástico con restos de comida, ropa asomando en los cajones y, sobre todo, polvo. Me acerqué a la ventana, abrieron la puerta.
Iba a hablar pero paró en seco. Se adentró lo que pudo en la habitación.
-Te he oido gritar y me he asustado. No pensé verte en pié y mucho menos verte con claridad. -era Babi
-Es otoño, ¿verdad?, los árboles se dehojaron -dije. Un silencio profundo se hizo, me di la vuelta y clavé mis ojos en los suyos-. Esperas una explicación.
-Sí -contestó con decisión.
-No era una pregunta -me quise hacer de rogar, hacerme la interesante. Pronto me cortó las alas.
-¿Me vas a contestar, demente?
Suspiré. Se sentó sobre la cama, en otras circunstancias me hubiese dado igual pero durante el último mes ese cuarto había sido mi santuarío, en el que ya había conseguido entrar y ahora se atrevía a acomodarse sobre el altar. Quizás tenía razón y me estaba volviendo algo loca.
-No hay mucho que contar -contesté algo triste-, estar tanto tiempo encerrada en una habitación no es interesante.
-Sabes que no me refiero a eso -siempre se comportaba de esa forma tan indiferente y sin embargo no podía evitar preocuparse.
-Sigo sin soñar -me derrumbé-. Estar tanto tiempo aquí me ha hecho pensar pero ni rastro de los sueños que me acunaban en mi infancia. ¿Sabes? creo que seré toda mi vida la hija bastarda de Morfeo -me senté a su lado-.
No pudo evitar abrazarme, para cualquier otro no eran más que tonterías de una lunática con aspiraciones oníricas pero sabía que para mí eran mucho más, eran mis sueños, irónico.
-Cualquier día de estos soñarás -su voz sonaba tan esperanzadora como siempre-, y cuando lo hagas yo estaré contigo para que me lo cuentes.
¡Hoy por fin he soñado Babi, a mis ochenta y pico años he soñado! y lo mejor es que no hace falta que te lo cuente porque sé que fue gracias a ti. Que tú, estés donde estés me has hecho soñar. Me gustaría decirte que ahora que lo he coneguido me he dado cuenta de que olvidé cumplir mi sueño, supongo que por eso lo he soñado, porque era un sueño, ojalá nos reencontremos y lo cumpla porque si hubiese podido sentir realmente tus labios mi realidad ya sería totalmente onírica. Tenía razón Calderón de la Barca "toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son".

lunes, 19 de marzo de 2012

Han venido a buscarme los recuerdos.

Yo que pensaba que la vida era un juego. Y yo que creía poder estar juntos todo el tiempo. Correr detrás de las hojas que se arrastran por el sendero. Caer en la hierba que nos brindarían las primaveras. Y reírnos de los actores de cualquier película de sobremesa. Yo que pensaba con ochenta años seguir robándote las fresas. Ahora tengo que pensar en lo que pudimos haber hecho y la pura verdad es que eso es lo de menos. Me hubiese volado la cabeza seguir usando de pendientes las cerezas y rompernos los huesos en una guerra sueños. Ahora me arrepiento tanto de no haber seguido siendo tu princesa que dejaría que me arrastrase la marea.



lunes, 12 de marzo de 2012

Un instante.

Apoyo mi cabeza en el sofá. Elevo la mirada. Cierro los ojos. Coloco mi mano izquierda sobre mi tripa. La derecha la acaricia. Un escalofrío. Mi mano derecha se adentra en la manga izquierda, se desliza hasta el hombro. Clavo las uñas. Y en ese momento me gustaría llorar por no tenerte cerca, sin embargo, me enfado por no conocerte. Y me miro reflejada en el aire. Y me veo sin ninguna expresión. Y me veo cada vez más fría. Y me veo, cada vez, menos yo. Y ni me inmuto. Y le quito importancia. Eché a volar.


lunes, 5 de marzo de 2012

Tendré que mirarte con un telescopio, buscar tu señal en la radio.

Todo transcurrió en un vagón de tren, Italia el país y Verona el destino. Me situé en el primer asiento que encontré libre junto a mi prima, posé mi cabeza sobre el respaldo del asiento, me pusé los cascos, pulsé play y comenzé a observar un paisaje que nunca más podria admirar. Tras media hora pensando en los maravillosos lugares que conocería decidí cambiar de campo de visión y bajar de las nubes, eché un vistazo a los pasajeros de vagón y hubo alguien que llamó mi atención, un chico de pelo liso y negro, con los ojos rasgados y una sonrisa muy blanca, era delgado y alto. Aun sigo sin entender porque pero no podía apartar la mirada de él, me parecía fascinante cada cosa que hacía, ¡hasta se me había olvidado la visita a casa de Giulietta!. Me miró, me puse nerviosa, me había pillado y no aparté la mirada, -de perdidos, al río- pensé. Supongo que le intimidaba el saber que le estaba mirando sin ningún tipo de pudor ni disimulo, a veces me miraba disimuladamente pero apartaba rápidamente la mirada hacia la ventanilla, de nuevo, al saber que seguía mirándole atónita. El tren paró y él bajó despidiéndose, para mi sorpresa, con una sonrisa. Aun se me eriza el vello cuando le recuerdo.

domingo, 4 de marzo de 2012

Recuerdo y satisfacción.

"El viento ha dejado de soplar entre tus dedos, solo hay un frío paralizante y estático, un cielo cuajado en estrellas. Espero no llegar a perdernos. Tienes los labios agrietados y al mostrar esa sonrisa digna del Gato de Chesire te comienzan a escocer y te quejas, como por todo. Espero que no te vayas y te pierdas como una hoja en otoño. Calientas tus manos con largos soplos de aliento mientras me miras como si fuese a volar y quisieses retenerme. Espero no tener que mirar una estrella cualquiera para recordarnos en este invierno."
Pero los inviernos se acaban, no hay porque preocuparse, llega la primavera.

sábado, 3 de marzo de 2012

Plantemos una nada...

Ahora es un a destiempo. Un destiempo para todo. Es un tarde, tarde para cenar o encontrar algo interesante en la televisión. Es pronto para desayunar o para darse una larga ducha con el agua ardiendo. En este momento no es hora de nada, pero saldré a la terraza y me sentaré en la banqueta de madera, hará frío y si comienzo a fumar no me faltarán estrellas con las que dar vida a la nicotina, pero Catalina estará tan hermosa... ¡¿Qué demonios?! siempre lo está, con esa tez pálida y sus cráteres por pecas, me estaré mordiendo hasta los nudillos, me apoyaré en la barandilla y miraré la carretera vacía, que calle tan tranquila, que alma tan inquieta la mía. Que cabrón el Sol que no viene a darme los buenos días y a decirme que me olvide de mis tonterías.