Apoyo mi cabeza en el sofá. Elevo la mirada. Cierro los ojos. Coloco mi mano izquierda sobre mi tripa. La derecha la acaricia. Un escalofrío. Mi mano derecha se adentra en la manga izquierda, se desliza hasta el hombro. Clavo las uñas. Y en ese momento me gustaría llorar por no tenerte cerca, sin embargo, me enfado por no conocerte. Y me miro reflejada en el aire. Y me veo sin ninguna expresión. Y me veo cada vez más fría. Y me veo, cada vez, menos yo. Y ni me inmuto. Y le quito importancia. Eché a volar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario