miércoles, 16 de mayo de 2012

Sin él no hay tempestad ni calma.

Los dos sabíamos lo que iba a pasar pero no hicimos nada, alguna mirada de complicidad, algunas uñas mordidas pero poco más... ¡¿Qué diablos nos pasaba?!. Estábamos viendo como todo aquello pasaba por delante de nuestras narices y no hicimos nada... Como hacemos con todo lo importante nos quedamos quietos, esperando que cualquier otro lo resolviese, como si con nosotros no fuese la cosa.A veces cerrábamos los ojos con fuerza, esperando que fuese un domingo como otro cualquiera, viendo una película de sobremesa después de una comida en familia; pero estábamos allí, frente a frente, llorando, estremeciéndonos, caíamos hacia el fondo como peces de plomo, ninguno se atrevía a hablar, ni si quiera a hacer ruido. Estába muerto. Y nosotros éramos quienes lo habíamos hecho estallar, quienes le habíamos destruido con todas nuestras fuerzas. Y le habíamos matado porque le odiábamos, le odiábamos por los días que nos había manipulado a su antojo, por su alma que carecía de maldad. Le odíabamos como nadie podría haberlo hecho antes, por estar siempre ahí y por haberse reído de nosotros. Le odiábamos tanto que queríamos resucitarle, solo por el miedo. Teníamos el corazón a punto de estallar. Y veíamos nuestras miradas observando la nada, nuestras lágrimas mezclándose con su sangre. Un asesinato tan metafísico que nadie lo entendía. Ya no había ganas de seguir el show, pero éramos tan culpables...
Ahora perdemos la conciencia cuando le vemos resucitándo en los cuerpos de otros amantes que tarde o temprano le enterrarán. Amor, querido mío, tu vida me hace libre y a ella me entrego, porque al fin comprendí que sin ti no hay futuro.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Amor flaco.

Entré en una exposición de fotografía. Una exposición preciosa dedicada a la Habana en la que te mostraba la belleza tanto el lugar como de sus gentes. La sala estaba vacía, las paredes blancas y las fotografías en blanco y negro te sumergian en una sensación de tranquilidad.
Había un pequeño rincón, una habitación retangular con tres paredes negras y en vez de una cuarta había un banco blanco, un cubo, me senté en él y ví la entrevista al autor que estaban proyectando.
-¿Te consideras un romántico?
-No, ya no quedan románticos, el romanticismo ya no existe, queda muy poco, podría decir que sí, pero me estaría mintiendo- Contestó el fotógrafo.
Y sí, ¿dónde quedó aquel románticismo que reflejan mis abuelos?. Supongo que ahora todo es damasiado moderno como para querer incondicionalmente, todo es demasiado frío como para enamorarte de cada instante, todo tan frío que a veces, a veces... se nos congela el alma, el corazón. Ojalá no careciese yo de ese romanticismo por momentos, ojalá fuese capaz de todo por amor, ojalá tuviese esa capacidad de perder la cabeza por ti, por nadie, por todos, por mí, por sentir el vello erizándose tras una corriente de caricias metafísicas.