Las cuerdas de tender de la terraza se columpian y la tarde es tan gris que parece fundirse con su cabello negro, porque hoy así es, porque hoy así la imagino; con una larga melena negra que cubre su pecho desnudo, su pecho blanquecino, como es toda ella, parece no conocer a lorenzo. La capa de escarcha que cubre su cuerpo se tropieza con sus mejillas siempre tan rojas, tan ardientes... todo lo contrario a ella; pensativa, ausente en sí misma y presente en su mirada, esa que es como una lanza que te atraviesa, y tú, cobarde, no puedes más que esquivarla cuando, enfurecida, monta en cólera; pero hoy no, hoy sus ojos celestes me ven sin mirarme, ni me acarician ni me escupen, hoy se encuentran perdidos. Acaricia sus definidos y carnosos labios con la yema de sus dedos, Aun no la he visto sonreir tal y como es hoy, parece ser la dama del invierno. Parece no haber sido amada nunca, parece no haber amado, tampoco. Y así, como vino sin en realidad haberlo hecho, se fue a las puertas de un domingo fugaz.
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