domingo, 18 de mayo de 2014

Chumy.

A veces me imagino saltando al vacio desde la terraza de mi cocina, cortandome las venas en un escenario o muriendome narcotizada y lentamente. A veces me imagino sin querer a nadie, sin luchar por nadie, sin acordarme de nadie. A veces me imagino pálida, frágil, débil, orgullosa y moribunda. A veces me imagino sola y feliz. A veces imagino mis visceras en la calzada, mi sangre manchando mi vestido y salpicando al público u oyendo lejanas las voces de la gente mientras sonrio inevitablemente. Pero el jodido instinto de supervivencia puede conmigo. Solo me queda pedirte que vengas a pudrirte conmigo en mi salón.

1 comentario:

  1. A veces nuestra mente concibe una solución que pensamos y, por el hecho de pensarla, creemos nuestra. Creemos que expresa el deseo de todo nuestro ser. Pero se me antoja que somos mucho más que nuestra mente. Cuando alguien para dejar de vivir, para quitarse la vida, necesita tirarse desde una ventana, intuyo que, para hacer caso a su mente, está forzando su vitalidad. Si alguien realmente quisiera morir. Si todo su ser, no solo su mente, lo deseara. No necesitaría ejercer una acción tan radical. Simplemente dejaría de moverse, dejaría de respirar, dejaría de ser. Si no lo hace así es porque nuestro mente pretende imponerse al resto de nosotros mismos y para ello se ve obligada a forzar nuestra viotalidad.

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