jueves, 17 de enero de 2013

Como un imán, mis manos entre su vestido.

Yo, como cada noche, acababa de llegar. Ella siempre esperaba sentada, mirando el cielo que desde allí se tornaba naranja, rosáceo. Le colgaban las piernas precipicio abajo. Como siempre, llevaba uno de esos vestidos de muñeca de porcelana y en su corta melena azabache se podían descubrir algunos cabellos que se dejaban acariciar y arrastrar por la brisa que siempre mecía aquellos andamios.

Creo que ni una sola vez la miré sin pensar en la cara de tonta que debía tener, pero yo solo miraba, atónita, curiosa y encantada, a veces ella me sonreía dulcemente como saludo, yo me limitaba a sentarme a su lado y dejar resbalar mis piernas al vacío, solo entonces podía ver aquel gran libro de tapas de cuero marrón y detalles dorados adornando el lomo y tapas que reposaba sobre sus muslos. No mediábamos palabra, nos ceñíamos al guión que establecimos en el primer encuentro. Ella abría el libro y comenzaba a leer, y sé que su voz me hipnotizaba pero no consigo recordar, lo intento pero solo veo el danzar de sus labios bajo los últimos rayos de Sol del día. Yo escuchaba estática su narración hasta que ella concluía cerrando el libro, y como una gota de rocío mi cuerpo se deslizaba por la estructura hasta precipitarse al vacío, entonces los intrusos rayos de luz me despertaban.
Nunca la puse nombre, ni recuerdo sus facciones, se fue de mis sueños y con ella todas las respuestas pero nunca olvidaré la calidez de esas noches que se presentaban como atardeceres.

 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Sentimientos para todo. Miau.


Confía en mí, que te quiero; que si me abrazas, cuando alguna lágrima baila por mi mejilla, se me ensancha el corazón. Puede que la ciudad sea pequeña y se vuelva algo gris cuando entran las noches largas, cuando se atrincheran los momentos de Sol, cuando hace ese frío que te enrojece la nariz y te congela las yemas de los dedos pero tú no dejas de reír, nunca lo haces, siempre te mantienes fuerte porque oye, tú puedes con lo que se te eche y si no, recuerda que yo estoy contigo, que no te diré para siempre pero
sí que mientras tanto serás mi recuerdo favorito, mi pedazo más lleno de vida, mi ocio de la temporada de exámenes y la única tempestad de la que no esperaré la calma. Y es cierto, que para lo que hay que ver, prefiero decirte unas cuantas bobadas y que te rías, que la acción sea recíproca y bajar de las nubes, subirnos a un árbol que es un buen punto medio para mirarlo todo riendo y ser consciente del rompecabezas de cada día. Recuerda que en el fondo te quiero, también a flor de piel, te quiero cuando nieva y cuando me muero de calor, cuando me muero de miedo y cuando me abrazas, te quiero.
Dicho esto, adiós.
Lo siento, fue mi gato.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Causa y efecto.

Oye, me iré. Lejos, a una ciudad tranquila, al norte, donde llueva, que las mañanas me llenen de vida para afrontar sus tardes grises, espero que haya playa y viento, sería fantástica una tormenta como recibimiento. Un piso con las ventanas enormes y papel de pared, un sofá-cama y un jarrón con flores a la entrada, al lado de las llaves. Me compraré un abrigo largo, de esos que llevan las chicas dulces y delicadas de los vídeos de canciones tristes, me pondré esos vestidos que compro pero nunca uso y me embadurnaré las manos con crema, tendré montones de pañuelos y bufandas. Me costará conocer a cualquiera, no dejo de ser yo, pero llamándome Ana será más fácil, sobre todo viniendo del sur, el acento lo habré perdido gracias a mis estudios de arte dramático, quizás hasta cambie de edad. Me habré ido en busca de amor y huyendo de él, a la vez, por que ese será el pilar de mi vida. Seré castaña y ocuparé los sueños de alguien mientras, muerta de frío, vuelvo a casa el día de Reyes. ¿Y si enamoro y me enamoro? no diré que me llamo Malena, me iré sin decir nada, tal vez con un poema de Neruda me despida. Será mi yo más romántica en estado puro, la más soñadora, misteriosa y enigmática, la menos conocida protagonizará la gran mentira de mi vida, la más deseada de las verdades. Oye, volveré.

viernes, 7 de septiembre de 2012

sábado, 25 de agosto de 2012

Hubiese podido ser mejor el fraccaso.

Dila que solo quiero que Proust me muerda. Que, a veces, me canso de imaginar un mundo paralelo en el que me vuelvo uno de esos tipos con gabardina. Y que, tal vez, solo tenga sueño, un sueño o un par de ellos. La suplico desde mis adentros e intento callarme y, para mi desgracia, lo consigo. Gritan mis dientes y una bandada de pájaros me sobrevuela. Seré demasiado irritante para su voz. Escucharé como habla de mí, por la radio, con una canción de esas tristes que no le gustan a nadie más que a los que se ocultan tras una tristeza crónica, de esos que te miran y te hablan. Y despertaré. Un instante y volveré a leer los ingredientes de los cereales en portugués, parece que esto ha llegado a un punto muerto. Quiero que me empuje, que no hay otra manera. Calla, joder, acabaré comprandome un libro de autoayuda para leerme mientras me hago un sandwich vegetal. Sí, vegetal...


jueves, 16 de agosto de 2012

Olvidé mi significado, tal vez.

Llega Agosto a verme. Parece que últimamente ni me inmuto. Resopla la vida, tan cabreada parece siempre. Y como si un foco me apuntase me siento asustada, deslumbrada y confusa. Horas se me escapan entre las manos. ¿Quién soy? parezco una foto borrosa de lo que fui. Todo comenzó a girar. De repente suena Love of Lesbian, eso tiene gracia. Este verano me vuelvo a quemar, vuelvo a tropezar con la misma piedra. Llegará Septiembre y me quedaré dormida. Carpe Diem me grita Agosto y yo, estúpida, paso de él. Ahora sueño más que nunca y parece que el amor onírico me olvidó. Desde la ciudad no se ven las estrellas. Parece que vuelvo a ser un pez de plomo.

domingo, 8 de julio de 2012

Embriagador.

Salgo de la ducha. Frente al espejo. Mi mirada se pierde y fija en un punto deja de mirar, deja mi alma de salir a borbotones en ella. Noto una brisilla que entra por los huecos de esas ventanas viejas. Mi pelo está empapado y mi cuerpo húmedo, sin embargo me da igual el frío, me disfrazo de alguien que nunca mis ojos habían visto. Y no lo noto, no noto nada, y creo que vuelo, que podría escaparme por las rendijas de esa ventana y no volver, viajar y convertirme en uno de esos gatos que no quieren dormir. Pero me paraliza el miedo y me quedo acariciando la bombilla de este cuarto, como si fuese una polilla. Y mi otra yo sigue ahí, parada, mirándose fijamente a los ojos, no la reconozco, tal vez seamos de esa gente que solo se conoce de vista, que parecen no importarse y sin embargo, si se dejasen, se echarían tanto de menos... Tiene la piel de gallina, pero no reacciona, estoy tan confusa... pero me gusta tanto sentirme así de libre, como si hubiese dejado de jugar a ser humana, aquí, en este cuarto vacío de mí.