A veces me imagino saltando al vacio desde la terraza de mi cocina, cortandome las venas en un escenario o muriendome narcotizada y lentamente. A veces me imagino sin querer a nadie, sin luchar por nadie, sin acordarme de nadie. A veces me imagino pálida, frágil, débil, orgullosa y moribunda. A veces me imagino sola y feliz. A veces imagino mis visceras en la calzada, mi sangre manchando mi vestido y salpicando al público u oyendo lejanas las voces de la gente mientras sonrio inevitablemente. Pero el jodido instinto de supervivencia puede conmigo. Solo me queda pedirte que vengas a pudrirte conmigo en mi salón.
domingo, 18 de mayo de 2014
jueves, 27 de febrero de 2014
Ángel azul marino.
–Dios nos hace como somos, – Dice mi abuela. –no son las vivencias, tú no eres una niña triste por ser desgraciada, tu eres desgraciada porque Dios te quiso fuerte.
Pero a veces me gustaría no ser triste, ni desgraciada, ni siquiera fuerte, a veces me gustaría ser una chica católica y dormir lejos de la incertidumbre y no pasar más penitencia que crear una hora de ocio los domingos.
Pero yo no soy así, a mí no me hizo Dios, ni espera de mí que rece al acostarme, a mí me hizo el destino y solo espera que sobreviva a una vida sin pilas.
domingo, 26 de enero de 2014
Reedición a la puerta de un bar.
La pintura de aquel pálido edificio era consumida por los inviernos como la juventud de Rubén Darío. Recuerdo una puerta pesada, con barrotes negros y detalles dorados anteponiendose al espejo que terminaba de forjarla; también se anidan en mi memoria imágenes de ventanas con cristales quebrados y balcones a los que no llegaba la luz del Sol.
En lo alto del edificio se encontraba mi balcón, el balcón en el cual se reían de mí las musas y, como rayos de luna, me abrazaban; los baldosines, contagiados por el tantas veces allí escuchado Joaquín Sabina, se veían rotos como su voz y de éstos subían varillas de bambú seco hasta la barandilla, por la que hasta en primavera caían flores, en concordancia con el bambú, secas; en ella, cada noche, se veían dos ojos felinos, incisivos y hechizados; había un par de cuerdas que cruzaban el balcón, y en las que ondeaba ropa casi siempre, menos cuando lloraban las nubes grises; y allí mismo, presidiendo 'el sitio de mi recreo', se hallaba una vetusta banqueta de madera con un par de clavos hirientes y un chirriante ruido cada vez que me sentaba en ella para contemplar el centro de mi universo y la calle más gris del mundo; allí no verías niños jugar ni cantar, ni caminar apesadumbrados siquiera; solo un puñado de viejos que se mantenían ebrios en un intento de alejar sus demonios de esos corazones de porcelana mal embalada. La gente caminaba con bostezos desidiosos, desidiosos y repulsivos, repulsivos y contagiosos. Aquel lugar era más desolador que el viento de manos del otoño; hasta los coches que formaban interminables filas a orillas de la carretera eran grises y negros. Era la calle de los solitarios, de los olvidados de la mano de Dios y la mía. Era un sitio horrible, pero allí eché mis raíces, y ahora que las he cortado, pierdo mi vida entre caricias.
sábado, 13 de julio de 2013
¿Seguimos vivas?
Intentaba rasgarte
domingo, 24 de febrero de 2013
Invítame a soñar.
Era denoche, siempre denoche, parece un patrón marcado, pero solo se trata de la bendita escasez del tiempo, que nunca está de mi lado. Estaba preciosa y su risa sonaba como una noche de lluvia en Venezia, hablaba sobre amores y miedos que se esfumaban, historias de esas que resquebrajan, fuera hacía frío y silvaba el aire entre las ventanas. Ella seguía hablando y a mí se me agotaban las palabras. Una situación visceral y en mi mente mis párpados caían como si fuesen de plomo. Pensaba en que tenía unos lábios bonitos y poco más. Pero de repente una idea iluminó mi mente. La diferencia era nuestro signo de identidad, nuestro puñal y nuestro lazo. En ese momento pensé que solo era cuestión de tiempo perdernos en lo infinito del olvido. Pensé en quererla hasta que llegase el momento de amar y ahí, au revoir. Así que la besé y sonreí.
jueves, 17 de enero de 2013
Como un imán, mis manos entre su vestido.